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sábado, 2 de octubre de 2010

EL PESEBRE EN VENEZUELA

En Venezuela,  cada pueblo ha hecho uso de sus propios recursos naturales y con un don de pureza infantil,  ha logrado los más atractivos y perdurables motivos para ofrecer el nacimiento del Niño a la veneración de las gentes.   Y  todo ello,  hecho ya tradición de arte y poesía,  sigue como la verdadera expresión del amor y del color de esa maravillosa noche de la  Natividad.

Ante las  figuritas de barro o madera,  de anime o de yeso y aún de cartón y hasta de trapo, rodeadas por los pastores,  la mula y el buey,  los pueblos han formado sus particulares maneras de adorar y festejar al Niño en su nacimiento y hasta El llega la gente con el canto pastoril que España trajo en sus tiernos villancicos.

Con el tiempo han entrado otras costumbres y con el villancico se confunde el aguinaldo que es un canto de expresión popular y que termina por convertirse en la parranda.  Sin embargo,  la fuerza de la tradición hace superar el ingenuo villancico que nos habla de la inspiración más pura,  de toda una historia sugestiva y divina de la vida de José María y el Niño.

En los últimos tiempos ha pretendido suplantarse el Pesebre con la imposición de otras costumbres.  Así,  se ha visto surgir el “Arbolito Navideño”  que tiene su origen en el Asia Menor,  o el “árbol” de Bretaña o el “Noel” francés,  y más recientemente el frívolo “Espíritu de la Navidad”.   Sin embargo,  ninguna de estas figuras ha superado el tradicional Portal que nos llegó de España para arraigarse como una de las más ricas expresiones del sentimiento nacional de nuestro pueblo.

El sencillo esplendor del Pesebre embellece hogares,  oficinas, calles, parques y ahora, hasta los centros comerciales brillan con esta máxima expresión de los ideales de paz.  Es la  fuente de la más pura tradición cristiana para celebrar justamente el hecho extraordinario de Belén y unificar los valores del espíritu y los sentimientos humanos en un solo propósito de fraternidad.

El Pesebre es capaz de hacer la vida verdaderamente bella y de elevar a su máxima expresión el goce que en esta época agita el corazón de los  hombres, de las  mujeres y de los  niños,  encantados por este mágico mundo en miniatura.  Y hacia este se dirige la mirada ingenua y el canto profundo del corazón,  de ese corazón donde florece la fe y la esperanza en un mundo mejor ,  de amor y de justicia que simboliza la sublime noche de Belén.

En algunas zonas de nuestro país la preparación del nacimiento o pesebre origina el surgimiento de una importante labor artesanal,  circunstancia particularmente notable en los estados andinos.   En los pueblos cordilleranos,  por tradición,  la “vestida” del nacimiento requiere figuras bellamente talladas a mano,  hechas con un material vegetal denominado “anime”,  propio de la región, el cual es cultivado durante todo el año para su aprovechamiento en navidad.  La talla abarca especialmente a los personajes secundarios del nacimiento,  ya que las figuras principales son de escultores populares unos,   y otros  porcelanas de delicada elaboración.

En el estado Táchira y hablando de tradiciones,   el pesebre es hecho por cada quien a su modo y preferencia:  la casita del Niño se hace con veradas y flores de caña brava;  el piso de lama y musgo de los páramos;  sobre las peñas  pacen las ovejitas de anime primorosamente labradas.   En toda  Venezuela,  con alguna que otra variante de forma,  el pesebre con su amplio despliegue de artesanía popular,  es testimonio de fe y timbre de orgullo familiar.  Se coloca en la sala y sirve de motivo para la solemne celebración de “La Paradura  y el Robo del Niño”,  una candorosa expresión del pueblo a la cual dedicaremos comentarios especiales en los próximos programas.

Nada hay como el Pesebre,  Nacimiento  o Belén, para expresar,  con su atrayente simbolismo,  toda la grandeza de la natividad del Señor.  Ni hay nada como el villancico para traducir los sentimientos de la Nochebuena.  Allí hay emoción,  ingenua emoción que eleva el espíritu y enriquece el corazón.  Es algo que cala en los humanos en esta fecha y que se agiganta cuando escucha los arpegios  musicales de la tradición.

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