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lunes, 25 de octubre de 2010

PROCESION DE POSADAS

Esta representación consiste en recordar la peregrinación de San José y la Virgen desde su pueblo de Nazareth hasta Belén. Se recuerda en ella por medio de cantos, los sufrimientos que pasaron pidiendo albergue. En varios, países del continente se acostumbran estas representaciones. En México tiene gran importancia y las gentes se preparan con mucha anticipación para este festejo tradicional que allí tiene tanto valor como la Nochebuena misma.
Entre nosotros es más modesta, como se verá.
Uno de nuestros informantes, el Sr. Rafael María Parra, en San Si­món, designó a estas celebraciones con el nombre de “Jornadas de Po­sadas”, diciéndonos que en dicho pueblo se celebraron en años pasados con gran entusiasmo, y añadiendo que se hicieron allí por indicación de un sacerdote colombiano de apellido Vega. Cree el señor Parra, que esa representación fue llevada de allí a Pregonero. Añadió que los sacerdo­tes que la iniciaron fueron los dominicos.
Nosotros presenciamos dichas representaciones en Queniquea y Pre­gonero. En el primero de los pueblos nombrados, un coro de niños can­taba delante de las puertas el cántico pidiendo posada, y de adentro le respondían con negativas. Así, hasta llegar a la iglesia, en una procesión a la que acompañaban el cura y los fieles rezando. En Pregonero es semejante, durante los días, que preceden a la Nochebuena; luego cam­bia de la manera como se verá en el relato que damos a continuación, según nuestras propias observaciones.
Sale de la iglesia un coro de niñas, tres monaguillos que llevan la Cruz y las dos velas laterales; tras de éstos, el sacerdote revestido con sobrepelliz y capa, el cual dirige la ceremonia y marcha delante de una imagen de San José y la Virgen que conducen varias personas. A todos rodea la muchedumbre. Las mujeres no usan sombrero, sino pañolón (mantilla grande y negra, de seda); los hombres cami­nan en la procesión, atentos, silenciosos, sombrero en mano y acom­pañando el rezo del sacerdote.
Previamente han sido convenidas las casas a donde van a parar. Al llegar delante de la puerta de la casa escogida, los tres monaguillos se colocan frente a ella, en tanto que el coro de niñas se divide en dos para proceder a cantar. Una parte de ellas se introduce en el zaguán o en la sala de la casa, entrecerrando a continuación la puerta, mientras la otra, afuera, inicia el canto:

De larga jornada
 rendidos llegamos,
y asilo imploramos
para descansar.

Contestan adentro:

¿Quién a nuestra puerta
 en noche inclemente
se acerca imprudente
para molestar?

Responder afuera:

Pobres peregrinos
que de extraña tierra
andan sin consuelo
buscando un hogar.

Adentro:

Aquí no hay asilo,
es hora importuna
y en parte ninguna
se puede albergar.

Concluida esta última estrofa los monaguillos inician la marcha hacia la siguiente casa convenida, y tras de ellos sigue toda la procesión. El re­corrido entre una y otra casa lo ameniza la banda, y detrás, junto a la imagen va el sacerdote rezando acompañado por los fieles.
Cuando termina el recorrido por las casas, se dirige a la procesión de regreso a la iglesia, en cuya puerta principal se representa nuevamente la acción; pero esta vez suprimiendo las dos últimas estrofas y añadien­do las que damos a continuación, que cambian el curso del aconteci­miento, pues esta vez penetra la imagen al tiempo con toda la procesión:

Afuera:

Dos pobres esposos,
San José y María,
que Dios los envía
 a implorar piedad.

Contestan adentro abriendo las puertas para que penetren todos.

¿Eres tú, José,
tu esposa María?
Abran estas puertas,
no los conocía!

La procesión termina en la iglesia después de esta representación, con nuevos cantos y rezos, finalizados los cuales se retira la concurrencia.
Durante el novenario de aguinaldos esta ceremonia se realiza como queda descrita, pero la noche de Navidad toma un aspecto más teatral, porque en esta ocasión el coro de niñas no va trajeado corrientemente, sino se visten de "pastoras". Consiste este vestido en una falda larga (tela de colores) con cota, sombrero de cogollo de anchas alas (pava) y una cesta con flores que llevan en el brazo. El detalle más importante de la procesión en esta noche es, sin embargo, que en lugar de la imagen de San José y de María, esta vez dichos santos los representa una pareja de niños, vestidos según los modelos comunes de las imágenes del culto; y además, la niña que representa a la Virgen va montada en un burro que conduce San José.
Es casi seguro que estos personajes eran antiguamente personas adultas (como viene haciéndose desde la Edad Media y todavía se acostumbra en algunos países), y que, por razones puramente psicológicas han sido reemplazados por niños que asumen gustosos este tipo de papeles. El carácter de devoción popular de esta procesión, y a la vez su aspecto de auto sacramental, se manifiesta además en el siguiente hecho: El señor Antonio Vivas construye especialmente para la última procesión de po­sadas, en una calle lateral vecina a su casa, un retablo campesino que semeja un rancho, y dentro de éste coloca un banco de carpintería. Cuando la procesión llega a este sitio, la Virgen baja del jumento y barre el piso con una escoba allí colocada exprofeso, en tanto que San José simula trabajar en el banco; todo ello, en medio del recogimiento y expectación de la concurrencia, como si en efecto se asistiera a una escena de la Sagrada Familia. Esta devoción particular corresponde a la parroquia de San Antonio (el pueblo se divide en dos parroquias, la nombrada, que es la más antigua y la del Carmen).
Fuera de Navidad, como es sabido, la festividad religiosa más im­portante es la de Semana Santa. Esto es así igualmente para la colecti­vidad que asiste y da realce a estos festejos. En cada pueblo o aldea, además tiene una importancia semejante, únicamente el santo que es patrón del pueblo.

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