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martes, 16 de noviembre de 2010

Navidad: el mensaje cristiano de amor y paz‏

En cada conjunción del 24 y 25 de diciembre, a través de los milenios, se produce el festejo del nacimiento del Mesías para nosotros los cristianos. Cristo hijo de Dios nace en un humilde pesebre rodeado no de riquezas, dignatarios, sacerdotes o príncipes, sino por toscos pastores y animales en el lugar más mísero como puede ser un pesebre. Es la más cabal expresión y enseñanza del valor a la vida, igualdad y amor infinito. El hijo del Señor pudo elegir un marco lujoso, lleno de vanidades, acorde a las costumbres que aun hoy mantienen los poderosos. Sin embargo, reivindicando el valor del sacrificio y dolor de los más necesitados, los pobres, eligió el pesebre en lugar de los palacios. Todos son sus hijos, pero sus preferencias son por quienes sufren y son explotados, las miserias al fin. "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al Reino de los Cielos".
Su lucha por cierto múltiple, también se dirigió contra los imperios y poderes políticos fácticos, contra las lanzas o cuchillos del ayer, lo que hoy son bayonetas o misiles. Y la manera más efectiva fue combatir con el amor siendo torturado y crucificado criminalmente por la salvación del hombre, particularmente del que sufre miserias y persecuciones. Este ejemplo como filosofía de vida le da vigencia eterna a su Verbo y a la corriente cristiana que creó e interpreta. Nadie puede invocar, como se hace, la "defensa del bien, sobre el mal" para cometer crímenes y depredaciones en su propio beneficio, o de sus círculos económicos imperiales. La única real interpretación del bien es la que se plasma en el signo de la cruz donde fue inmolado en lugar de Barrabás por el pueblo, los rabinos y las fuerzas imperiales del César romano. Ella manifiesta la paz, el amor, caridad, salvación espiritual y perdón al ser humano por sus culpas, faltas y pecados.
Pero los enemigos suyos y de su Iglesia no han perdido ferocidad y encono. Se llega incluso, alguna vez lo he señalado, en nuestro Uruguay por ejemplo, a negar maliciosamente hasta los nombres de las festividades tradicionalmente católicas, religión abrumadoramente mayoritaria de nuestro pueblo. No conozco otro ejemplo en el mundo que a la Santa Navidad, como lo hacen en nuestro Estado, se la denomine el Día de la familia. Que al 8 de diciembre, día de la Virgen María, madre de Dios, se le ponga el de las playas en homenaje al bañista, supongo. El 6 de enero, en que la rica tradición cristiana consigna el homenaje que tres príncipes de Oriente le ofrecen al niño Dios en el humilde pesebre, nuestro Estado batllista y masón le llame el Día del niño. Qué mejor mención a los niños con más razón los más pobres y sufrientes, que sea el de los Reyes Magos o del Niño Dios, como manda la tradición milenaria. Y para colmo de irrespetuosidad, ingratitud, vesania y miseria intelectual es negar como se hace, el mayor sacrificio que es el de la crucifixión de Cristo, cambiándole el nombre de Semana Santa por el ridículo de Turismo, de la Criolla, de la Cerveza o de cualquier otro que minimice el de las Pascuas Santas.
La Iglesia tiene más de 2000 años y por supuesto no se inmuta. Se pone la "otra mejilla" y se sigue adelante. Es atacada permanentemente con brutal ferocidad en otros campos, de siempre. Al defender el aborto se ataca la integridad de la vida misma, cimiento fundamental del cristianismo impuesto por Cristo. El apoyo al instituto del divorcio, destruyendo y fomentando la disolución de la familia como basamento imprescindible en cualquier sociedad sana y limpia espiritualmente. Las constantes críticas a reglas internas de la Iglesia, que bien se cuidan de no mencionar discrepancias con otras religiones o logias, sobre el celibato de los sacerdotes, el claustro de las monjas, el buscar faltas entre miles de religiosos del mundo, seres humanos al fin con virtudes y vicios como cualquiera, para motivar escándalos y desprestigio: como si en otras religiones no sucedieran. Todo expuesto con el solo fin del daño a la religión católica. Nadie menciona con esta pertinacia, defectos o males presuntos en otras profesiones de fe o logias esotéricas misteriosas que las hay, y ocultan sus filosofías, creencias y hasta sus integrantes que se saludan estrafalariamente apretándose el dedo mayor en la muñeca contraria para identificarse. ¡Por algo será! Están también las religiones afrobrasileñas, verdaderas macumbas publicitadas, donde notoriamente se cobran muy buenos emolumentos, exentos de impuestos, por sanar enfermedades, hacer volver alguna mina que se piantó, lograr éxito en los negocios y que nadie critica, ni vigila y hasta el propio Estado le ha erigido monumentos idolátricos, como se ha hecho en el Parque Rodó. Baste mirar la televisión de medianoche, y no se controlan esos abusos notorios.
Y por supuesto jamás se mencionan las obras que la iglesia católica mantiene y renueva constantemente. Guarderías, escuelas, liceos, hospitales, hospicios, cotolengos para ancianos y enfermos, leprosarios, merenderos, universidades y centros de investigación científica a lo largo y ancho del mundo. Las misiones jesuíticas, las del tan criticado Opus Dei, de los Salecianos y Franciscanos o la de la santa madre María Teresa de Calcuta por decir o mencionar algunas notorias incluyendo países africanos semitribales.
Estamos ante otra Noche Buena y Navidad y en el filo del año nuevo. Los cristianos, como lo mandató Cristo, en todas las lenguas e idiomas universalmente deseamos los mejores logros de paz, prosperidad, justicia y amor a todos los semejantes incluyendo los enemigos.

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