La Navidad nos trae la emoción de la verdad eterna que alimenta nuestra fe. También nos trae la oportunidad de tender un puente al pasado y unir - una vez más – todo lo que amamos y estimamos.
La Navidad es época de continuidad, una época de lo antiguo y lo nuevo. Es una época para honrar las bellas memorias de navidades pasadas y elaborar recuerdos nuevos, plenos de propósitos generosamente renovados.
Las fechas navideñas, adornadas con su tradición en el tiempo, nos trae recuerdos ricos, añoranzas maravillosas. Hermoso es revivirlos cada año, porque ellos guían nuestros pasos hacia la luz, hacia la libertad, hacia el amor.
El nacimiento de Jesús dentro de nosotros nos llama a lo nuevo, a una nueva vida, a un nuevo gozo, a una nueva luz. Es la ruta hacia nuevos goces, pero con la mano extendida a los que más necesitados, esperan nuestra palabra de amistad y aliento.
Cada Navidad es un nuevo despertar para nuestras vidas. Ella nos llega siempre pletórica de esperanza y alegría, para señalarnos las hermosas maravillas que tenemos para compartir los que vivimos en la dulce fe que nos une a Jesús, José y María.
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